Todo se va, todo cae, todo fina.

Todo se va, todo cae, todo fina.

Hay dos reglas de oro para una orquesta: empezar juntos y acabar juntos. Al público no le importa lo que pasa entre medias.
De los héroes pueden contarse historias, ya que tienen siempre principio y fin. De quienes sufren y, sobre todo, sufren sabiendo que sufren, no puede contarse nada, porque su sufrimiento no tiene fin.
Es bueno tener un fin hacia el que viajar, pero es el viaje lo que importa, finalmente.
Lo cierto es que sólo podemos contar así, cabalmente y con sus incontrovertibles principio y fin, lo que nunca ha sucedido. Lo que no ha tenido lugar ni ha existido, lo inventado e imaginado, lo que no depende de ninguna verdad exterior.