El hombre sabio no se expone innecesariamente al peligro, puesto que hay pocas cosas que le importen lo suficiente. Pero desea, en grandes crisis, dar incluso su vida, sabiendo que bajo ciertas condiciones no merece la pena vivir.

El hombre sabio no se expone innecesariamente al peligro, puesto que hay pocas cosas que le importen lo suficiente. Pero desea, en grandes crisis, dar incluso su vida, sabiendo que bajo ciertas condiciones no merece la pena vivir.

Todo hombre nace como muchos y muere como uno único.

Ningún hombre sabe realmente sobre otros seres humanos. Lo más que puede hacer es suponer que son como él.

No sueñes sueños pequeños porque no tienen fuerza para mover los corazones de los hombres.

A medida que las máquinas se hacen más y más eficientes, se hace más claro que la grandeza del hombre es la imperfección.

Toda experiencia histórica confirma la verdad de que el hombre no hubiera obtenido lo posible si no hubiera pugnado una y otra vez por alcanzar lo imposible.
P.D. Citado por Alfredo Pérez Rubalcaba en este artículo homenaje a Gregorio Peces-Barba, fallecido ayer. Descanse en paz.

La brecha entre el hombre de la calle y el conocimiento de cómo funcionan las cosas es cada vez mayor. Pero no solo para la gente de la calle. ¿Cuántos científicos e ingenieros hay en España? Probablemente, ni la mitad de ellos comprenden muchos desarrollos, aunque sepan mucho de su especialidad concreta.
P.D. Extraído de esta entrevista.

Es más fácil encontrar hombres que se ofrezcan voluntarios para morir que encontrarlos para soportar dolor con paciencia.