El hombre sabio no se expone innecesariamente al peligro, puesto que hay pocas cosas que le importen lo suficiente. Pero desea, en grandes crisis, dar incluso su vida, sabiendo que bajo ciertas condiciones no merece la pena vivir.

El hombre sabio no se expone innecesariamente al peligro, puesto que hay pocas cosas que le importen lo suficiente. Pero desea, en grandes crisis, dar incluso su vida, sabiendo que bajo ciertas condiciones no merece la pena vivir.

Es más fácil encontrar hombres que se ofrezcan voluntarios para morir que encontrarlos para soportar dolor con paciencia.
¿Es algo más que el día lo que muere esa tarde?

La vida no vale nada
si no es para perecer
porque otros puedan tener
lo que uno disfruta y ama.

El que muere queriendo matar no es una víctima, es un asesino frustrado.
Hemos aprendido a destruir, pero no a crear; a derrochar, pero no construir; a matar hombres, pero no a salvarlos; a morir, pero rara vez a vivir.
Si un segundo basta para morir, ¿cómo no va a alcanzar para cambiarnos la vida?
P.D. Descanse en paz, Eliseo Alberto.
… Pero mientras hablan de las leyes de la economía, hombres y mujeres se mueren de hambre. Debemos expresar que las leyes de la economía no están hechas por la naturaleza. Están hechas por seres humanos…
(…) En esta historia sólo yo me muero
y moriré de amor porque te quiero,
porque te quiero, amor, a sangre y fuego.
Pero véate yo y muera;
que no sé, rendido ya,
si el verte muerte me da,
el no verte qué me diera.