Un pueblo que tolera los delitos de su jefe se convierte en cómplice de esos delitos. Pero si los favorece y los aplaude, peor que cómplice, se convierte en el mandante de esos delitos.
P.D. Impresionante este post en Vaticalia, blog de El País.


Un pueblo que tolera los delitos de su jefe se convierte en cómplice de esos delitos. Pero si los favorece y los aplaude, peor que cómplice, se convierte en el mandante de esos delitos.
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